HACER EL CAMPO FÉRTIL

El maestro zen le encargó al discípulo que cuidara del campo de arroz. El primer año, el discípulo vigiló que nunca faltase el agua necesaria. El arroz creció fuerte y la cosecha fue buena. El segundo año, el discípulo tuvo la idea de añadir un poco de fertilizando. El arroz creció rápido y la cosecha fue mayor. El tercer año, colocó más fertilizante. La cosecha fué aún mayor, pero el arroz nació pequeño y sin brillo.

-Si sigues aumentando la cantidad de abono, la cosecha del año que viene no tendrá ningún valor-dijo el maestro-. Fortaleces a alguien cuando le ayudas un poco. Pero si le ayudas demasiado, lo debilitas.

GUERRA

-Papi –dijo un niño de diez años-, ¿cómo empiezan las guerras?

-Bueno hijo –dijo el padre-, supongamos que Francia está peleada con Inglaterra….

-Francia no está peleada con Inglaterra –interrumpió la madre-.

-¿Y quién ha dicho que lo estuviera? – contestó el padre visiblemente irritado-. Le estoy contando al niño un caso hipotético.

-¡Ridículo! –dijo la madre con un bufido-. Le estás metiendo en la cabeza al niño toda clase de ideas equivocadas.

-¡Nada de ridículo!- replicó el padre-. Si te hace caso a ti nunca tendrá ninguna idea en la cabeza-

Justo cuando iban a empezar a tirarse los platos a la cabeza, el hijo volvió a decir:

-Gracias mami, gracias papi. Ya sé cómo empiezan las guerras.

LIBERACION INTERIOR

Un discípulo confuso veía cómo muchas preguntas se agolpaban en su mente. Un día decidió preguntar a su maestro sobre la que más le atormentaba:

-Maestro, ¿cómo sabré cuándo estoy en la senda de la liberación interior?

El maestro contestó:

-Sabrás que estás en la senda de la liberación cuando ya no te hagas ese tipo de preguntas.

ERRORES AJENOS

Cuatro monjes decidieron aislarse para hacer un retiro de meditación y silencio. Un asistente los acompañó para hacerse cargo de los asuntos domésticos.

Llegó la primera noche y, transcurridas unas horas, las lámparas empezaron a consumirse. Uno de los monjes dijo:

-Asistente, vigila que no se apaguen las lamparillas.

Oído esto, otro monje se apresuró a llamarle la atención:

¡No debes hablar, recuerda que estás bajo el voto de silencio!

El tercer monje, indignado, exclamó:

-¡Esto es el colmo, parece mentira que no podáis estar callados ni unas horas estando además en meditación y con voto de silencio!

El cuarto monje, entristecido, los miró y susurró a media voz:

-¡Qué pena! De cuatro monjes que somos, soy el único que permanece en silencio cumpliendo el voto que nos hemos impuesto.

TAL VEZ, PUEDE SER

Un agricultor pacífico y tranquilo que vivía con su hijo vio un día que su único caballo se había escapado del establo. Los vecinos no dudaron en acercarse a su casa y condolerse por su mala suerte.

-¡Pobre amigo, qué mala fortuna! Has perdido tu herramienta de trabajo. ¿Quién te ayudará ahora con las penosas tareas del campo? Tú solo no podrás, y te espera el hambre y la ruina.

Pero el hombre contestó:

-…Puede ser.

Pero dos días después su caballo regresó acompañado de otro joven y hermoso ejemplar. Los vecinos esta vez se apresuraron a felicitarlo-

-¡Qué buena suerte, ahora tienes dos caballos. Has doblado trou fortuna sin hacer nada!

El hombre solo musitó:

-…Puede ser.

A los pocos días el padre y el hijo salieron juntos a cabalgar. En un tramo del camino, el joven caballo se asustó y tiró de la montura al muchacho, que se partió una pierna en su caída. Nuevamente los vecinos se acercaron a su casa.

-Sí que es mala suerte; si no hubiese venido ese maldito caballo, tu hijo estaría sano como antes, y no con esa pierna rota que no se sabe si sanará.

El agricultor volvió a repetir:

-…Puede ser.

Pero ocurrió que en aquel reino se declaró la guerra y los militares se acercaron a aquella perdida aldea a reclutar a todos los jóvenes en edad de prestar servicio de armas. Todos marcharon al frente menos el hijo del agricultor, que fue rechazado por su imposibilidad de caminar.

-¡Qué desgracia la nuestra! No sabemos si volveremos a ver a nuestros hijos; tú en cambio tienes en casa al tuyo con una pequeña dolencia.

El hombre, una vez más, dijo:

-…Puede ser.

OPINIONES

Un abuelo y su nieto se encaminaron a una aldea vecina para visitar a unos familiares, por lo que se acompañaron de un borrico a fin de hacer más llevadera la jornada. Iba el muchacho montado en el burro cuando al pasar junto a un pueblo oyeron:

-¡Que vergüenza! El jovencito tan cómodo en el burro y el pobre viejo haciendo el camino a pie.

Oído esto decidieron que fuera el abuelo en la montura y el joven andando. Pero al pasar por otra aldea escucharon:

-¿Viste al egoísta? Él bien tranquilo en el burro, y el muchachito caminando.

Entonces acordaron que lo mejor sería montar los dos en el jumento y así atravesaron otro pueblo, donde unos lugareños les gritaron:

-¿Qué hacéis vosotros? Los dos subidos en el pobre animal. ¡Qué crueldad, vais a terminar reventándolo!

Vista la situación, llegaron a la conclusión de que lo más acertado era continuar a pié los dos para no tener que soportar más comentarios hirientes. Pero pasaron por otro lugar y tuvieron que oír como les decían:

-¡Tontos! ¿Cómo se os ocurre ir andando teniendo un burro?

AUTENTICO MILAGRO

Un hombre se presento a un maestro y le dijo:

-Mi anterior maestro ha muerto. Él era un hombre santo capaz de hacer muchos milagros. ¿Qué milagros eres tú capaz de hacer ?

-Yo cuando como, como. Cuando paseo, paseo. Cuando leo, leo.-contestó el maestro-.

-Pero eso no es ningún milagro, yo también como, paseo y leo.

-No. Cuándo tú comes, piensas en muchas cosas. Cuándo paseas, piensas en muchas cosas. Cuándo lees, también piensas en muchas cosas. Yo solo como, paseo y leo. Ese es el milagro.

TIENES RAZON

Había una vez dos monjes que paseaban por el jardín de un monasterio taoísta. De pronto uno de los dos vio en el suelo un caracol que se cruzaba en su camino. Su compañero estaba a punto de aplastarlo sin darse cuenta cuando le contuvo a tiempo. Agachándose, recogió al animal. “Mira, hemos estado a punto de matar este caracol, y este animal representa una vida y, a través de ella, un destino que debe proseguir. Este caracol debe sobrevivir y continuar sus ciclos de reencarnación.” Y delicadamente volvió a dejar el caracol entre la hierba. “¡Inconsciente!”, exclamó furioso el otro monje. Salvando a este estúpido caracol pones en peligro todas las lechugas que nuestro jardinero cultiva con tanto cuidado. Por salvar no sé qué vida destruyes el trabajo de uno de nuestros hermanos.

Los dos discutieron entonces bajo la mirada curiosa de otro monje que por allí pasaba. Como no llegaban a ponerse de acuerdo, el primer monje propuso: “Vamos a contarle este caso al gran sacerdote, él será lo bastante sabio para decidir quien de nosotros dos tiene la razón.”

Se dirigieron entonces al gran sacerdote, seguidos siempre por el tercer monje, a quien había intrigado el caso. El primer monje contó que había salvado un caracol y por tanto había preservado una vida sagrada, que contenía miles de otras existencias futuras o pasadas. El gran sacerdote lo escuchó, movió la cabeza, y luego dijo: “Has hecho lo que convenía hacer. Has hecho bien”. El segundo monje dio un brinco. “¿Cómo? ¿Salvar a un caracol devorador de ensaladas y devastador de verduras es bueno? Al contrario, había que aplastar al caracol y proteger así ese huerto gracias al cual tenemos todos los días buenas cosas para comer. El gran sacerdote escuchó, movió la cabeza y dijo “Es verdad. Es lo que convendría haber hecho. Tienes razón.”

El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se adelantó. “¡Pero si sus puntos de vista son diametralmente opuestos! ¿Cómo pueden tener razón los dos?” El gran sacerdote miró largamente al tercer interlocutor. Reflexionó, movió la cabeza y dijo: “Es verdad. También tú tienes razón.”